La comunidad de San Salvador surge en el municipio de Puerto Suárez, en pleno Pantanal boliviano. Entre sus bosques vírgenes se esconde un tesoro natural: el totaí (Acrocomia aculeata), un lugar cuidado durante generaciones.
En diciembre de 2023, las actividades en la comunidad de San Salvador dieron un giro apasionante a través de la Asociación Las Caluchitas (de mujeres usuarias de derivados del totaí), liderada por Maritza Cayú Chuvez.
Maritza, una mujer que lucha por la conservación local, se embarcó en un ambicioso proyecto con el apoyo de la Fundación SEMILLA y el programa de pequeñas donaciones NbS del programa Voces por una Acción Climática Justa con el objetivo de reforzar el uso sostenible del totaí y promover la educación medioambiental en su comunidad. Su visión abarcaba no sólo la protección del bosque, sino también la capacitación económica de las mujeres de Las Caluchitas.
Las mujeres de Las Caluchitas, conocidas por su espíritu emprendedor en la producción de aceite de totaí y sus derivados, se reunieron con entusiasmo para mejorar sus instalaciones y capacidades. Juntos, han promovido la construcción de un espacio para procesar y almacenar estos frutos del bosque mientras reciben formación en gestión productiva y comercial.
El proyecto, que nació con mucha energía y entusiasmo, promueve un reto mayor: lograr un futuro en el que los niños de San Salvador aprendan a amar y proteger su entorno natural. Con la ayuda de las escuelas locales, ha logrado la creación del Bosque Pedagógico a través de una norma comunal, donde el área boscosa vecina a la comunidad se ha convertido en un espacio para que más niños y jóvenes aprendan sobre el funcionamiento del bosque, sus componentes, roles y particularmente, sobre el totaí y sus beneficios.
Ahora, Las Caluchitas no sólo producirán aceite de forma más eficiente, sino que también se convertirán en guardianes del Bosque Pedagógico, enseñando a niños y jóvenes la importancia de preservar sus hogares. El viaje no termina ahí. Maritza y Las Caluchitas están trabajando para reforzar la gobernanza comunitaria, creando una plataforma de gestión local que promueva la participación inclusiva en la conservación de los bosques y el bienestar de la comunidad .
Con cada paso, con cada gota de aceite de totaí producida, con cada niño que descubría la magia del Bosque Pedagógico, la comunidad de San Salvador se hacía más fuerte en su resiliencia, su amor por la naturaleza y su compromiso con un futuro sostenible. La historia del Bosque Pedagógico de San Salvador se convirtió en un símbolo de esperanza y acción, demostrando que cuando las personas se unen por un propósito común, pueden lograr grandes cosas y proteger los tesoros más preciados que nos ofrece la naturaleza.