El arte como forma de resistencia: Cómo VCA Indonesia utiliza la cultura, la creatividad y la comunidad para impulsar la justicia climática

Cuando el cambio climático amenaza no sólo los paisajes, sino el corazón mismo de la identidad de una comunidad, la respuesta debe ser algo más que técnica. Debe ser humana. En Indonesia, donde las voces de los pueblos indígenas, las mujeres, los jóvenes y otros grupos marginados se han dejado de lado durante mucho tiempo en el discurso sobre el clima, el programa Voces para una Acción Climática Justa (VCA) de Indonesia, miembro de la Alianza, ha adoptado una herramienta poco convencional pero poderosa para cambiar las narrativas y el poder: el arte.

Durante demasiado tiempo, las soluciones climáticas dominantes se han basado en gran medida en datos científicos y jerga técnica, presentando herramientas valiosas pero a menudo desconectándolas de las realidades vividas por los más afectados. En cambio, las comunidades apoyadas por AVC Indonesia están contando sus historias de formas que trascienden las estadísticas. Están pintando, cantando, actuando, construyendo instalaciones y provocando conversaciones que la ciencia por sí sola no podría encender.

El resultado es artivismodonde el arte se convierte en una forma de activismo, un lenguaje de resistencia y un medio para reclamar la agencia. En Nusa Tenggara Oriental (NTT), las coaliciones juveniles y los artistas se reunieron en un Campamento de Artivismo, fusionando la expresión creativa con la defensa del medio ambiente. De estas sesiones surgió una vibrante colección de arte visual, música, cortometrajes, murales e instalaciones, cada una de ellas una audaz declaración desde la primera línea de la crisis climática. Estas obras no se encerraron en galerías, sino que se llevaron a las calles, a los pueblos y a la opinión pública, culminando en el festival anual »Pesta Raya Flobamoratas», un festival de base que celebra las soluciones climáticas arraigadas localmente a través de las artes. Sólo en 2024, el festival atrajo a más de 2.300 participantes, convirtiendo el arte en un diálogo comunitario sobre justicia, resiliencia e identidad.

Pero el festival fue algo más que un escaparate creativo; fue también un espacio de aprendizaje y responsabilidad. Las comunidades implicadas hicieron un esfuerzo consciente para diseñar un evento respetuoso con el medio ambiente. Trabajaron juntas para reducir el consumo de electricidad, limitar el desperdicio de alimentos y minimizar su huella de carbono. Incluso invitaron a un experto en huella de carbono para que les ayudara a medir el impacto del festival y a comprender cómo devolverlo. Una de las conclusiones más sinceras fue su compromiso de replantar árboles en su isla, transformando el legado del festival en algo que crecería durante generaciones.

Mientras tanto, en Tanah Papua, las comunidades indígenas, apoyadas por WWF, socio del AVC, y el colectivo cultural Sanggar Seni Robonghollo, utilizaron la restauración del sagú no sólo como un acto de reparación medioambiental, sino también como una representación. Mediante la danza, el teatro y los rituales locales, pusieron de relieve la intersección entre la supervivencia cultural y la gestión ecológica. Una colaboración con el Indonesia Art Movement también llevó esta narrativa al cine, creando documentales que desafían las percepciones y ponen de relieve la innovación local.

Estas historias no son aisladas. En Yakarta, la »Semana del Clima de Indonesia 2024″ acogió a más de mil personas en un espacio para contar historias sobre el clima a través de exposiciones fotográficas, proyecciones de películas, charlas de artistas y debates interactivos con representantes del gobierno. Aquí, la política y la poesía se encontraron, y la expresión creativa se convirtió en un conducto para influir en la política.

Otro poderoso elemento del enfoque del AVC ha sido la campaña »Testigos del clima». Basada en una serie de documentales producidos por Humanis y sus socios, esta iniciativa captó el crudo impacto del cambio climático a través de la lente de las comunidades afectadas. No eran sólo películas; eran testimonios, pruebas cinematográficas de que la adaptación y la resiliencia ya existen en los pueblos, bosques y costas de Indonesia. Las películas desencadenaron una gira nacional por 29 distritos, llegando a casi 700 personas en proyecciones comunitarias. La campaña también movilizó a 258 jóvenes activistas digitales, que amplificaron el movimiento en Internet a través de #LangkahHariIni, haciendo un llamamiento a la acción inmediata, paso a paso.

Estos esfuerzos revelan una verdad radical: que las soluciones climáticas más transformadoras suelen empezar por escuchar. Y a veces, las voces más claras y honestas no llegan a través de informes políticos, sino a través de pinceles, letras de canciones y escenarios teatrales. El trabajo de VCA nos recuerda que el cambio climático no es sólo una emergencia científica, sino también cultural. Y las soluciones deben ser tan variadas, coloridas y humanas como las personas que lo viven.

Cuando las comunidades reclaman sus relatos a través del arte, no sólo se están expresando; están afirmando su derecho a ser vistas, escuchadas y tenidas en cuenta en las decisiones que conforman su futuro. Y en Indonesia, estas voces ya no susurran. Están cantando, bailando y alzándose.

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